La Vaqueirada ya tiene novios, Sofía y Ricar se darán el ‘sí quiero’ en Aristébano: «Teníamos que casarnos así»

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photo_camera Sofía Pérez y Ricardo López disfrutando de una jornada de monte en familia

Ella de Villapedre y él de Soirana, son padres juntos de dos hijos, amantes del monte y la naturaleza y comparten su vida desde hace casi cinco años

Ni Sofía Pérez Valdés ni Ricardo López Luiña eran ajenos al Festival Vaqueiro de Aristébano, como tampoco a la montura y la naturaleza. Sin embargo, este año, serán, además, los protagonistas de la fiesta, los flamantes novios de la boda vaqueira de Aristébano. El rito es único, el Consejo Rector de la Vaqueirada lo protege con mimo, y cobra todo el sentido cuando une personas como Sofía y Ricar. 

«Antes de conocernos ya subíamos por separado a caballo y nos encantaba. Cuando tuvimos a Luca, nuestro hijo, salió el tema de casarnos y los dos dijimos “tiene que ser en la Vaqueirada, si no, no nos casamos". Cuando, luego, nos dieron la noticia no nos lo creíamos», cuenta Sofía Pérez a AQUÍ DIARIO. 

Amantes del monte, del pueblo y de los animales, la pareja se dará el «sí quiero» en uno de los altos más especiales del Occidente asturiano. Aristébano (Valdés) es una braña vaqueira, límite entre el concejo valdesano y el tinetense, un lugar santo con su especial ermita de la Divina Pastora y sobre todo, cada último domingo de julio, epicentro y escenario de las ancestrales costumbres vaqueiras.

 «La verdad es que es un lujo tener esta tradición tan cerca. Estas cosas no se pueden perder ni olvidar» defiende Sofía, de 36 años, al cuidado de sus hijos. Natural del pueblo naviego de Villapedre conocía a Ricar (oriundo de Soirana) «de siempre, como buenos vecinos de pueblo» y, hace cuatro años y medio, que comparten proyecto de vida y familia. 

Una familia numerosa, porque, además de los hijos, están los caballos, y otros tantos animales que cuidan en su casa de Barayo, en plena Reserva Natural. «La verdad es que nos da mucha pena no poder subir, de hecho, nuestros caballos a Aristébano para la boda, pero hay demasiadas cosas que hacer», reconoce la joven, que gestiona el hogar familiar. Él, de 43 años, es camionero. 

Además de mucho público, seguramente bastante calor y emoción a raudales, el último domingo de julio en Aristébano habrá también algo prestado, algo azul… y algo tan nuevo como los trajes que lucirán. «Están mi madre y mi tía a todo coser para ese día, porque queremos tener trajes que luego queden para nosotros», cuenta Sofía, con la ilusión de una novia muy sencilla que, por otro lado, tendrá una de las bodas más especiales, ancestrasles y «exclusivas» del mundo.