Desde tiempos ancestrales, la alimentación de los pueblos ha estado marcada por su entorno. Mientras el Mediterráneo ha ofrecido aceite de oliva y frutos secos, el Atlántico ha brindado pescados, mariscos y productos lácteos.
Gracias a esto, han surgido dietas beneficiosas para la salud. La dieta mediterránea, por ejemplo, es reconocida en todo el mundo y, hace más de 10 años, fue declarada Patrimonio Inmaterial por la Unesco debido a sus beneficios comprobados para reducir el riesgo de enfermedades como cáncer, diabetes tipo 2, alzhéimer y párkinson, entre otras. Sin embargo, en Galicia, Cantabria y el País Vasco, la dieta atlántica ha ido ganando protagonismo.
Esta alimentación también ayuda a reducir la incidencia del síndrome metabólico, lo que contribuye a disminuir el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares.
¿En qué consiste la dieta atlántica?
La dieta atlántica es el secreto mejor guardado de las costas del norte de España y Portugal. Se basa en consumir lo que ofrece el mar y la tierra, sin grandes artificios: mucho pescado y marisco fresco, además de carnes rojas de calidad en menor proporción.
Las hortalizas juegan un papel fundamental, aportando frescura, fibra y una gran cantidad de nutrientes. En las regiones donde se sigue esta alimentación, como Galicia, el norte de Portugal o Asturias, es común encontrar productos de la huerta como grelos, repollo, pimientos, cebollas, zanahorias y patatas, que se consumen tanto frescos como en guisos y potajes.
Las legumbres, como fabas, garbanzos o lentejas, también son esenciales, creando platos reconfortantes y llenos de energía, ideales para el clima fresco y húmedo del Atlántico. A diferencia de la dieta mediterránea, donde las ensaladas suelen ser protagonistas, en la atlántica las verduras se usan más en preparaciones cocidas, sopas o como acompañamiento de pescados y carnes. Todo esto se complementa con el pan de maíz o centeno, que aporta un toque rústico y sabroso a la mesa.
Los lácteos también son una pieza clave. La leche suele tomarse entera, sin procesar en exceso, y es común en desayunos y meriendas. Los quesos ofrecen una gran variedad, desde los tiernos y cremosos, como el Tetilla gallego o el San Simón da Costa, hasta los más curados e intensos. Se disfrutan solos, con pan, o en recetas tradicionales como la empanada gallega. También son habituales el yogur y otros derivados lácteos, como la cuajada o el requesón, muchas veces endulzados con miel o frutas frescas. En comparación con la dieta mediterránea, donde los lácteos tienen un consumo más moderado, en la atlántica juegan un papel más destacado, aportando proteínas, calcio y un sabor ligado a la tradición ganadera de la región.
En la comida y en la cena, un buen vino suele acompañar las preparaciones, porque aquí la comida no es solo para nutrir, sino para disfrutar. Es una dieta sana, natural y con el sabor auténtico de la tradición.
Beneficios de la dieta atlántica
Gracias a su equilibrio nutricional y el uso de productos naturales, la dieta atlántica ofrece grandes beneficios para la salud. Algunos de los más destacados son:
Salud cardiovascular: El alto consumo de pescados azules, ricos en ácidos grasos omega-3, ayuda a reducir el colesterol malo (LDL) y mejorar la salud del corazón.
Fuente de proteínas de alta calidad: Entre el pescado, los mariscos, las carnes magras y los lácteos, esta dieta proporciona proteínas esenciales para el desarrollo muscular y la regeneración celular.
Rica en fibra y antioxidantes: Las hortalizas, legumbres y cereales integrales mejoran la digestión. Además, los antioxidantes reducen la inflamación y el envejecimiento celular.
Beneficios para los huesos: El consumo de productos lácteos, ricos en calcio y vitamina D, fortalece los huesos y previene enfermedades como la osteoporosis.
Regulación del peso: Es una dieta equilibrada y saciante, basada en ingredientes frescos y de temporada, lo que facilita el mantenimiento de un peso saludable sin restricciones extremas.
Refuerzo del sistema inmunológico: Gracias a su combinación de alimentos frescos, ricos en vitaminas, minerales y grasas saludables, ayuda a fortalecer las defensas del organismo.
Dieta atlántica vs. Dieta mediterránea
Ahora que conoces la dieta atlántica y sus beneficios, te contamos en qué se diferencia de la mediterránea para que elijas la que mejor se adapte a tu estilo de vida:
Productos principales
Atlántica: Pescados y mariscos, carnes magras, lácteos, legumbres y pan de cereales como el centeno o el maíz.
Mediterránea: Verduras, legumbres, aceite de oliva, frutos secos, pescados y carnes blancas.
Tipo de grasa utilizada
Atlántica: Se usa aceite de oliva, pero también mantequilla y manteca de cerdo en algunas preparaciones.
Mediterránea: El aceite de oliva es la principal fuente de grasa y se usa en casi todos los platos.
Consumo de pescado y carne
Atlántica: Gran protagonismo de pescados y mariscos, además de carnes rojas magras y embutidos tradicionales.
Mediterránea: Predomina el pescado, pero las carnes rojas se consumen con menos frecuencia.
Presencia de lácteos
Atlántica: Alto consumo de leche, quesos y yogures, con muchas variedades locales.
Mediterránea: Consumo más moderado de lácteos, principalmente quesos curados o yogures.
Uso de cereales y pan
Atlántica: Se prefieren panes de centeno, maíz o trigo, a menudo acompañando guisos.
Mediterránea: Mayor consumo de pan de trigo y cereales como arroz o pasta.
Preparación de las verduras
Atlántica: Se cocinan más en guisos, potajes o acompañamientos cocidos.
Mediterránea: Se consumen crudas en ensaladas o cocinadas con aceite de oliva.
En definitiva, tanto la dieta atlántica como la mediterránea son excelentes opciones para llevar una alimentación saludable y equilibrada. Si vives en Galicia o en cualquier otra región del norte de España, la dieta atlántica forma parte de tu cultura y tradición, con sabores que conectan con la historia y el entorno. Así que, más que una moda, es una forma de vivir y disfrutar de la comida con identidad propia.